|
Los promotores de la obra fueron los salteños Emilio San Miguel y David Ovejero, dueños de gran fortuna y propietarios de la casona de 1830 que había en el terreno. La construcción empezó en 1913. Alrededor de 600 obreros trabajaron durante 33 meses y en la estructura de la obra se utilizó sólo cemento armado. Los ascensores fueron, para la tecnología de entonces, un alarde de velocidad.
El nombre del edificio (costó quince millones de pesos fuertes) rinde homenaje al máximo héroe de la provincia de Salta, general Martín Miguel de Güemes. La inauguración fue organizada por el Círculo de la Prensa y a ella asistieron el Presidente de la Nación, Victorino de la Plaza y descendientes del prócer salteño. El teatro del subsuelo fue inaugurado con un discurso del escritor Ricardo Rojas y esa noche actuaron cómicos, bailarines españoles y acróbatas. La confitería-cabaret que lo enfrentaba se transformó casi en seguida en el club privado Abdulah, lugar de copas y baile frecuentado, entre otros, por músicos de tango incluido Carlos Gardel (**). Más adelante en el tiempo, hacia los años cincuenta y más acá, las salas del subsuelo se dedicaron a espectáculos de burlesque y a proyecciones de cine supuestamente eróticas. Fue utilizado para la filmación de películas, como: Evita, Gatica, etre otras Cortazar le escribió un cuento a la Galería Güemes y a su Subsuelo. “El Otro Cielo” que forma parte del libro “Todos los Fuegos, El Fuego”
En 2003 Tango Entertainment S.A., empresa de capital argentino, decidió rescatar esa joya porteña de la arquitectura y la decoración art nouveau. Su intención es dedicarla a la música que nació y creció mientras surgía la Galería Güemes en el corazón histórico y cultural de la ciudad. Es curioso que uno de los lugares más sofisticados de Buenos Aires haya esperado casi noventa años para vencer al olvido y encontrar su verdadero destino. |